TRIESTE, NUNCA EL MISMO DÍA.

Publicado ayer en La Nueva España

(Para mi amigo José Juan Uriarte)

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Estaba llegando a Trieste el día que leí la historia de Jujo, el hombre que el pasado día 7 de diciembre se arrojó al foso de los leones en el zoo de Barcelona. Trieste es una ciudad de unos 300.000 habitantes parecida a Barcelona: un monte cercano la protege de los fríos balcánicos y alpinos y por su ladera se desparrama la ciudad ordenada hasta acabar en las aguas frías y color turquesa del Adriático. Desde el tren se adivinaba ya en la parte alta del monte el Parco San Giovanni, la ciudad de los locos, cuando me di de bruces con la crónica que Dani Cordero había dejado en “El País”: “Historia de un desamparo”. En ella, el autor explicaba que Justo José, Jujo, un guardia civil en excedencia, sufría una enfermedad mental grave, que llevaba sin tratamiento ni seguimiento algún tiempo y que había dado suficientes señales de alarma como para que se hubiese arbitrado alguna medida excepcional que aliviase tanto sufrimiento. Porque la estrafalaria vestimenta de Jujo y su delirante casa portátil, tan risibles para los “normales”, no son sino pálidos reflejos de un dolor inasumible para el ser humano. Y no será porque en la ultramoderna Barcelona no haya camas manicomiales. De momento parece que ya han reforzado la seguridad de las jaulas del zoo. Cuestión de prioridades.

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Yo estaba llegando a Trieste, la ciudad donde Franco Basaglia derribó en marzo de 1973 los muros del Hospital Psiquiátrico y paseó a los enfermos que llevaban años encerrados por las calles de la ciudad a lomos de un corcel azul de madera llamado “Marco Cavallo” en una de las historias más bonitas apenas contada. Yo estaba llegando a Trieste para asistir a una reunión sobre la importancia de Basaglia en la asistencia psiquiátrica actual y para hablarles a los colegas italianos sobre cómo intentamos evitar que los pacientes graves se pierdan en las brechas del sistema de salud español y acaben poblando las filas de los “sin hogar” o arrojándose a la muerte. Nuestra receta es bien simple, austera y pragmática: “si ellos no vienen, nosotros vamos a buscarles”, les conté a los colegas italianos que llevan décadas haciendo casi eso mismo. El caso de Jujo, el problema de los pacientes perdidos, un 15% de los más graves, es un problema generalizable a casi toda Europa y curiosamente es más frecuente allí donde hay más hospitales psiquiátricos funcionando. En Trieste han abierto ya su primer equipo de tratamiento asertivo comunitario, la estrategia más difundida para mantener en seguimiento a los enfermos más reticentes a ello. Se trata de un equipo de profesionales que trabajan en la calle y que se desplazan allí donde esté el enfermo. Puede conseguirse o no el fin propuesto pero el enfermo nunca quedará solo ni desconectado. Porque esa vivencia de que uno aún le importa algo a alguien es el primer paso para evitar males mayores.

Pero yo les quería hablar de Franco Basaglia y de su obra en Trieste porque gracias a su “Reforma” los enfermos mentales de todo el mundo mejoraron mucho su situación clínica y sus condiciones de vida. Desde 1978, en que Basaglia, Franco Rotelli, Pepe Dellacqua y compañía lograron el cierre definitivo del Hospital Psiquiátrico San Giovanni, Trieste no ha dejado de ser un referente mundial para los interesados en conocer esa experiencia tan saludable. En Trieste hace años que dejaron de contar camas porque quieren a los esquizofrénicos de pie, trabajando y viviendo en sus casas, como cualquier ciudadano.

Franco Basaglia murió en 1981, a los 57 años de edad, víctima de un tumor cerebral. Llama la atención la trascendencia e impacto mundial de su legado comparado con el exiguo respeto que le sigue prestando la psiquiatría oficial. Él solía decirlo a menudo: ” Si a los catedráticos no les importan ni los enfermos, ¿por qué vamos a importarles los profesionales?”. Sobre su vida se han contado muchas mentiras y medias verdades casi siempre tendentes a oscurecer al personaje: que si era un comunista disparatado, que si era antipsiquiatra, que si era un técnico indocumentado? La realidad es más gris y más simple que todo esa letanía de descalificaciones que, a la postre, le han dado a Basaglia un halo de héroe romántico. Porque la realidad no se construye. Y menos cuando tenemos cartas, fotos y documentos, fósiles de los hechos y de los sentimientos. Olvidar a Basaglia es un mandamiento de la Academia porque mostró que el saber y la capacidad de transformación de la asistencia psiquiátrica crecían más y mejor fuera de las universidades. La realidad es que la obra de Franco Basaglia, un socialdemócrata moderado, fue posible gracias al apoyo incondicional de Michele Zanetti, un político democristiano. La realidad es que Basaglia en varias entrevistas se niega a que se le encasille como militante de la antipsiquiatría anglosajona. La realidad es que la reforma psiquiátrica de Basaglia, la temida salida de los locos a la calle, no partió de otra cosa que no fuera la rebelión de unos médicos con escrúpulos contra las patéticas y brutales condiciones de vida en las que se atendía a los enfermos mentales. Hablamos de Gorizia y de Trieste hacia 1970, hablamos de miseria y olvido a manos llenas. Y dudo que un solo paciente saliese del Hospital de Trieste sin haberle habilitado previamente una estancia alternativa normalizada. Recomiendo a quien dude de estas frases que visite cualquier manicomio español o centro asimilado. Y que piense lo que podría ser aquello hace 50 años.

La ponderada y rigurosamente planificada propuesta de Basaglia supone un desafío a la solidaridad social y sobre todo a los profesionales porque a los enfermos mentales es suficiente con no verlos para olvidarlos. Eso es bastante más fácil que tener que pensar en cómo estabilizar a Jujo casi a diario. Y seguir a su lado pese al fracaso reiterado.

La mejora en las condiciones de vida de los enfermos lograda en los últimos años ha ido pareja a la mejora en los tratamientos de todo tipo y a un gran avance en sus derechos tantas veces conculcados. Con todo, nada está ganado. La política psiquiátrica casi siempre ha estado guiada por el miedo, el ahorro y una profunda desconsideración hacia los enfermos más indefensos. En la situación actual, con todo el conocimiento ganado sobre el horror del pasado no podemos volver a ser cobardes. Como dice Frank Furedi: el único motivo para tener miedo es la cultura del miedo. Una cultura que cobija poderosas industrias, como ya se sabe.

CODA: La historia de Franco Basaglia y la Reforma Psiquiátrica italiana apenas si han tenido presencia en el mundo editorial español. En el cine, la película “La mejor juventud” (2003), de Marco Tullio Giordana, ha logrado reproducir el clima que provocó Basaglia en aquellos maravillosos años. Pero ha sido la película “Érase una vez la ciudad de los locos” (2009), dirigida por Marco Turco, la cinta que mejor cuenta la aventura de Trieste. Desde este año la citada película puede verse íntegra en Youtube con subtítulos en castellano.

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