EL TRATAMIENTO DEL SUICIDIO EN LA PRENSA

Entre las lecturas más hermosas que uno ha hecho en los últimos años está El Contrato Factual, que Arcadi Espada y un pequeño grupo de genios rotularon hace años en su sede barcelonesa y que sigue expuesto en el portón de Can Espada. En él, entre otros proyectos, se comprometen a aplicar el método científico a todos los apartados informativos, incluso a la propia ciencia. Estas palabras me siguen fascinando porque creo que el periodismo  ha sido hostil al método científico a la hora de concretar una epistemología que le dé cuerpo. Y siempre he querido saber qué sería del propio periodismo confrontado a su imagen en el espejo de la estadística, del marmóreo SPSS, por ejemplo.

La doctora Rocío Herrera revisó con paciencia cinco periódicos durante un año. Y escrutó con más paciencia aún las noticias que tienen que ver con la llamada “conducta suicida” que es uno  de los misterios de nuestra sociedad contemporánea y la causa más frecuente de muerte no natural en España. Parte del resultado está en este artículo donde apoyada en el  poder fáctico de los datos la autora dirige el foco, por ejemplo, hacia una cuestión de tanta actualidad cómo la posible influencia de la crisis económica en la muerte autoinfligida. No hay especulación en el estudio. No podía haberla. Si acaso, el trabajo tiene varias limitaciones conceptuales que no han de obviar la necesidad de concretar y precisar aún más lo que en él se concluye: la necesidad de que el periodismo se deje anegar por el cientifismo como método de conocimiento. Y que los científicos, habitualmente recluidos en sus insondables publicaciones, tomen conciencia de que hay fenómenos que deben ser objeto de público y diario debate. Porque el suicidio sigue destrozando vidas y familias en gran parte gracias a que aterra hablar de él por temor a un efecto contagio que nunca ha podido confirmarse.

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